martes, 16 de diciembre de 2008

LOS SABERES DE MIS ESTUDIANTES


Cuando pregunto a mis alumnos cuál es el conocimiento que tienen del Internet, algunos se quedan callados y otros empiezan a decir todo lo que han aprendido y hasta se emocionan de todo el conocimiento que han adquirido con el uso de la tecnología.
El problema es que en el medio que se desenvuelven pocos tienen posibilidades de trabajar demasiado tiempo a través de este instrumento tan valioso. Pero ya empezaron a perder el miedo al ingresar al nivel medio superior y lo están utilizando un poco más.
¿Qué saben hacer?, buena pregunta: La mayoría sabe chatear, bajar música a través de programas como el Ares, que es el más común, saben ver videos en Youtube, grabar música a celulares o MP3, saben usar y firmar su metroflog, y la mayoría usa el google para buscar información acerca de sus tareas.
Al buscar información en Google, utilizan la página de monografías.com, la de wikipedia, que menciona Jordi Adell, y el rincón del vago; algunos utilizan otras pero la más utilizada es la de monografías.com, ya que consideran que es la más completa porque a través de las ligas que utiliza los enlaza con otros temas; y porque según ellos, es más entendible.
Actualmente utilizan más el Internet, porque se ven obligados en cuanto al aumento de sus tareas y porque se les dan páginas de consulta, de donde ellos deben buscar información y cumplir con los requerimientos de los programas de estudios.
La desventaja que se presenta para ellos es que por el nivel económico en que viven, les resulta caro poder visitar los cafés internet.
En muchas ocasiones los alumnos nos enseñan a los maestros el uso de internet, ya que ellos tienen el tiempo necesario para visitar e investigar todo lo relacionado con esta tecnología.

Mi confrontación con la docencia

Quisiera empezar por decirles que en febrero de 1991, egresé del Instituto Tecnológico de Tuxtepec como Licenciada en Contaduría, carrera que realicé en 3 años y medio. Posteriormente estuve trabajando en un despacho contable como contadora y en 1992 empecé a trabajar en una zapatería como contador interno. Estuve en ese puesto cerca de 3 años.

Después tuve la curiosidad de querer experimentar algo diferente y decidí irme a los EU, donde estuve trabajando hasta 1995 y donde estudié un poquito de inglés. Regresé a México y trabajé un tiempo en FONAES como asesor técnico a grupos de agricultores, que conformados en asociaciones, solicitaban apoyos de los programas del gobierno. Al mismo tiempo empecé a trabajar en el despacho donde había trabajado cuando egresé del Tecnológico y repartía mi tiempo en los 2 trabajos y en mi hijo, que tenía para entonces.

Una contadora que también trabajaba en el despacho, estaba trabajando en el CONALEP desde hacía tiempo y a finales de 1997, me invitó para que llevara mi documentación para el nuevo semestre que en aquel tiempo iniciaba en marzo. Así lo hice y no me dieron muchas esperanzas porque había otro contador que también había llevado su documentación y la carga horaria era solo para una persona con 20 horas en la especialidad de Contabilidad Financiera.

Al final, el jefe de formación técnica nos dijo que teníamos que llevar un curso de Formación Pedagógica para la ciencia y la tecnología Módulo I, y que era recomendable que tomara el curso, aún cuando no estaba contratada todavía.

El curso se impartía en febrero y así lo hice. Después de eso, hizo que presentará una exposición de las nuevas reformas fiscales para ese año; cosa que nadie antes, ni después había hecho, ni hicieron; para que así pudiera entrar a trabajar como maestro en ese lugar. Al final, nos contrató a los 2 contadores, con 10 horas cada uno y empecé a trabajar en el CONALEP el 3 de marzo de 1998.

Empecé impartiendo la materia de créditos y cobranzas en la especialidad de Contabilidad Financiera y no recuerdo bien, pero había otra materia de la especialidad de Asistente Ejecutivo. Fui ascendiendo en carga horaria hasta que por fin llegué a tener las 20 horas.

Al principio, me sentía inexperta e insegura, pero poco a poco fui aprendiendo y esforzándome cada día más para ser mejor docente. Además de que los cursos de formación pedagógica me ayudaron mucho.

Creo que para ser docente, se nace con esa cierta característica, porque no todos tenemos esa facilidad de pararnos frente a un grupo, de expresarnos, de ser auténticos, de preparar una clase, de ponernos en el papel del alumno; sobre todo si son tan exigentes como los jóvenes que tenemos ahora como alumnos y que cada vez demandan más de nosotros como maestros. Digo esto porque algunas personas, así como entran, se salen; porque no les gustó o porque simplemente no les llamó la atención. Sin embargo, nosotros ahí seguimos, tratando de ser buenos maestros, actualizándonos, de enseñar cosas nuevas y significativas para los alumnos; pero, nos gusta, porque sino no estuviéramos haciendo ese papel, cuando nuestra formación profesional fue otra.

El ser docente en educación media superior me ha dejado aprendizaje, me ha enseñado a ser más humana; por los problemas sociales, culturales y económicos que pasan nuestros alumnos; y me ha enseñado a hacer las cosas con amor, a querer mi trabajo y tener el reconocimiento de mis alumnos, cuando al final de su carrera me agradecen el haberlos ayudado a subir un peldaño más de su vida.

En lo que se refiere a la insatisfacción que tengo por ser maestra o docente; creo que no existe tal. Creo que más bien, tengo retos que vencer cuando ingresa un alumno que no tiene bien definido lo que quiere y que se revela, que tengo que ayudarlo y encauzarlo. Por otro lado podría tener insatisfacción en cuanto a que en ocasiones nos esmeramos demasiado por sacar nuestro trabajo adelante, y no recibimos ese reconocimiento que nos motive por parte de los jefes, de los directivos y del sistema en general, pero creo que ese es el pan de cada día en todo lugar de trabajo, y tenemos que seguir adelante rompiendo esa barrera para que no nos limite.



La aventura de ser maestro


Después de haber leído “La aventura de ser maestro” de José Manuel Esteve y de dar un vistazo a mi relato de “Mi confrontación con la docencia”, yo dije que se nace con ese “don” de ser maestro; porque sino nos gusta, aunque tengamos la oportunidad de llegar a dar clases frente a un grupo por error o por ensayo, creo que no vamos a ser totalmente buenos en eso, sino encontramos esa chispa que nos motive a continuar ahí. Esa es una opinión muy personal, aunque coincido con él en las 2 ópticas de ejercer: Me aburro o me apasiono en cada día de clases.

En mi caso me apasiona el dar clases, me llena, me satisface, aunque no haya estudiado para ello. Cada día es un nuevo reto que tengo que enfrentar, sobre todo con la nueva reforma educativa, que nos trae materias diferentes para los primeros semestres, y que en mi caso estoy dando una que se llama “Resolución de Problemas” y que se debe aplicar totalmente la pedagogía y psicología; estoy experimentando cosas diferentes, porque tengo que acercarme más a mis alumnos y poder detectar en ellos problemas de cualquier tipo y además encontrar la forma correcta de que ellos se sientan seguros y que tengan confianza en sí mismos, que reconozcan sus valores, que encuentren la forma adecuada de resolver sus problemas familiares, sociales y culturales, y poder aplicar estrategias que los hagan sentir inquietud por el tema. Por eso coincido con el maestro Esteve en que se debe ser maestro de humanidad, porque aunque se impartan materias afines a una especialidad o área, se debe actuar con humildad ante los jóvenes.

La renovación pedagógica que menciona debe ser esencial, porque aunque se imparta la misma materia cada semestre o cada año; siempre existen cambios, se modifica, se corrige y lo mejor es hacerlo, porque de esta manera también el maestro va perfeccionando su materia.

Ahora yo puedo decir que me he ganado la libertad de ser profesora, porque ya actúo con seguridad, confió en mi misma, ensayo nuevas técnicas y estrategias de enseñanza, modifico contenidos; sobre todo cuando hay la necesidad de hacerlo y lo principal: me divierto explicando y tratando a mis alumnos.

Debo admitir que en muchas ocasiones, planeo mi clase para el día siguiente y cuando llego al salón, las circunstancias ó la forma en que encuentro al grupo son distintas a lo que esperaba y de momento tengo que improvisar la técnica o la estrategia, pero con la práctica también se adquiere la experiencia, y eso es precisamente lo que me gusta: ver el resultado después de terminar la sesión y sentirme satisfecha de haber hecho un buen trabajo. De haber actuado con libertad y de contribuir con el país para que nuestros futuros profesionistas sean más humanos.

Claro que coincido en que debemos estar a la vanguardia y estar en constante actualización para que no nos alcancen los tiempos.